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viernes, 10 de abril de 2009

Antes que el Diablo sepa que has muerto

MICROFICHA:

DIRECTOR: Sidney Lumet.
INTÉRPRETES: Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei, Rosemary Harris, Aleksa Palladino, Michael Shannon.
MÚSICA: Carter Burwell.
IDIOMA ORIGINAL: Inglés (americano).
GUIÓN: Kerry Masterson.

FECHA DE PRESENTACIÓN: 6 de septiembre de 2007.
DURACIÓN: 117 minutos.



Brutal. Coge a un cobarde desesperado, un contable hedonista, un ex-policía enloquecido por el asesinato de su esposa, una esposa trofeo, un delicuente de poca monta, la mujer del delincuente de poca monta, un camello rico con vocación de casero, un atraco a mano armada que termina mal, dos asesinatos, tres cadáveres, cuatro muertes y un entierro, una complicada relación de familia, un problema de dinero (siempre acaba siendo un problema de dinero) y mételo en los mismos cien folios en blanco; agita, mézclalo con un toque de drogas, un pespunte breve de billetitos verdes, una cantidad importante de sexo, un par de pistolas y mucha, mucha ambición y tendrás una historia cruenta, que explica mucho de la vida y de las emociones humanas.

Trabajo de muy alta calidad, con una dirección que recuerda mucho a los Cohen, una actuación extremadamente buena, sobre todo por parte de Philip Seymour Hoffman, que interpreta a un oficinista reprimido de cierta responsabilidad y costumbres turbias, Andy Hanson; menciones especiales a Hank y Charles, interpretados, respectivamente por Ethan Hawke y Albert Finney. Dirigida por Sidney Lumet. Reflexionad, antes de verla, sobre qué es lo que estaríais dispuestos a hacer para cambiaros la vida, para cambiárosla por completo... y, cuando la hayáis visto, replanteaos por completo lo que hayáis pensado. Brutal de veras.


ANTES QUE EL DIABLO... En el cine, a veces se cuentan historias duras, lamentables o, directamente, tristes. Sin lugar a dudas, Antes que el Diablo sepa que has muerto es una de ellas.

Te das cuenta de lo importante y preciosa que es la vida humana para ti y para los demás sólo y exclusivamente si esa vida se apaga de repente, sin avisar. Entonces, todo cuanto había alrededor de la persona fallecida se hunde a gran velocidad. Y, también entonces, te das cuenta de que las cosas a las que daba importancia eran menos importantes de lo que parecían. Esta historia combina estos hechos con la ambición de un par de hermanos irresponsables que intentan corregir sus propios errores vitales a través de un único golpe astuto... y fracasan, con consecuencias difíciles de predecir.

Esta es una historia en la que se mezclan de manera bastante confusa argumento, ilusión, proyectos y desastre, drama y sufrimiento humano. Orgullo, avaricia, ira, lujuria, gula... todo un catálogo de pecados están a disposición del espectador en Antes que el Diablo sepa que has muerto, obra del director estadounidense Sidney Lumet (a quien comparan con Scorsesse por la profundidad de su cine). Este filme, sin embargo, se sumerje en los personajes y da una explicación muy plausible de lo que es cada uno de ellos. Son peligrosos. Son ambiciosos. Y, ante todo, están desesperados o descontentos con lo que les ha dado la vida... y, antes que eso, con lo que les ha tocado.

El atraco, no obstante, será el agente detonante de todo el problema, y será en torno al atraco donde se desarrollará toda la trama; casi es planteamiento, nudo y desenlace, causa y efecto, culpable y víctima. No es más que un MacGuffin, es cierto; pero es el centro mismo de la película (casi un protagonista más, puesto en el filme por un brillante Kelly Masterson), en torno al que los protagonistas y los secundarios verán retorcidas y torturadas sus ilusiones, sus objetivos y sus mismísmas vidas.


NO HAY CRIMEN SIN TALENTO. La gran desventaja de una historia complicada es que no hay manera de contarla de una forma completamente lineal; y esta película es complicada, y mucho. Hay formas de explicar las posibles salidas a esta situación, y la más útil es (cómo no) la imposibilidad de inbuir de interés a una escena al tiempo que darle un marco temporal coherente, ya que puedes ver a dónde va la película con claridad. Es una fórmula muy repetida en el thriller y, a mi juicio, está tan gastada que ya no funciona como antes. Para eso están los flashbacks.

Esta película recuerda al cine de Tarantino por ese motivo; toda la película está descoyuntada, planteada al estilo de los flashbacks, cada uno desde un punto de vista, explicando los motivos de cada personaje para sus acciones al remontarse a sus causas primeras, a los orígenes mismos de sus desastrosas actividades. No es que busquen la exposición desordenada de la trama y los hechos que la componen; todo el espinazo fundamental de la historia queda bastante claro en los primeros minutos de la película. sin embargo, con cada nuevo flashback empiezas a ver los detalles, las peculiaridades en cada personaje, en sus deseos, en sus aspiraciones, en sus miedos, en sus fracasos, en sus defectos... y, al final, claro está, en su caída. Eso sólo se consigue con un guión de primera, y con una relización de lujo. Antes que el Diablo sepa que has muerto los tiene. Y los desarrolla sin miedo, con transiciones rápidas y decididas, sin que resulten discordantes en absoluto. En conjunto, derivan hacia el final de la película, que no decepciona, aunque es algo previsible.

La puesta en escena es decididamente rotunda y deliciosamente acabada; Masterson, responsable del guión de Antes que el Diablo... hace un trabajo de buena coordinación y consigue un filme oscuro, casi deprimente, pero muy intenso y triste. Los resultados son tan evidentes que dan ganas de llevártelo a casa (más que otra cosa, el tal Masterson hizo su debut con esta película). El trabajo de cámara es, de hecho, bastante bueno; pasando del intimismo a los ámbitos públicos sin transiciones dignas de mención, el punto de vista se mueve rápida y decididamente, con suavidad y sin subjetividad, a pesar de que adopta una perspectiva en primera persona con mucha frecuencia. Lo refleja todo. De forma objetiva. Si Andy grita, la cámara va a Andy. Si Gina se asusta, la cámara quiere a Gina. Si Charley grita por teléfono, Charley recibe toda la atención del mundo. Un trabajo, en definitiva, simple y puro de atención focalizada.

Por otro lado, hay algunas composiciones en las escenas más especiales de la película que me fascinan. Cuando Hank y Andy hablan en el patio trasero de su casa, se sientan en un banco sin respaldo, cada uno mirando hacia el lado contrario. El resultado es que ambos aparecen reflejados a la vez, pero no se perciben las emociones que puedan reflejar sus rostros a la vez. En última instancia, no es que reflejen mucho.

A pesar de todo lo dicho hasta ahora, lo que de verdad se lleva el premio del día a la mejor película es (sin lugar a dudas) las actuaciones. Cógelas como quieras, la caracterización de los personajes y su extraordinaria capacidad para sacar emociones a medias, pero lo suficiente presentes como para que sean evidentes para el espectador, e incluso en los momentos en los que se imponen las emociones a la razón, con estallidos de furia, culpabilidad o pura desesperación son el mérito de cada uno de los actores. Y es un mérito increíble, porque disfrutas con la actuación de todos ellos. Particularmente magistrales son los personajes de Philip Hoffman, Ethan Hawke y Albert Finney. Son sencillamente sensacionales, y Lumet ha sabido exprimir a los tres actores al máximo, con resultados proporcionales a su talento. Esto es, tal vez, lo que separa a Antes que el Diablo... del cine de los hermanos Cohen: su emotividad, que depende directamente del casting y del director que está detrás de sus componentes. Los Cohen podrían haber hecho el mismo trhiller criminal con la mitad de sutiles matices y el triple de crudeza, pero entre la puesta en escena de Masterson y las dotes interpretativas de todo el reparto, podemos decir que el resultado no habría resultado ni de lejos tan intimista ni tan delicadamente construido, una obra de arte. Terrible, sin duda, pero una obra de arte. Arte cuando Philip empieza a gritar en el coche, cerrado con su esposa dentro; arte cuanto destroza metódicamente su piso; arte cuando deja implícito que el único culpable y responsable final de TODO es Hank, su hermano menor.

Por último, la banda sonora es magnífica en su simplicidad y brevedad. La melodía principal de la película no está hipertrofiada, tiene el tono adecuado (oscuro, resonante, casi acusatorio, fuerte y con una inensa culpabilidad) y se presenta en los momentos exactos de la trama, dejando el silencio para los instantes más importantes y brutales de los diálogos.



TODO QUEDA EN FAMILIA. [Atención: spoilers en masa de aquí en adelante; no leáis nada más, o toda la historia se va al garete. Es lo mismo que reventar la película por completo. Si no la queréis ver, allá vosotros.] Andy Hanson (interpretado por el brillante Philip Seymour Hoffman) es un ejecutivo en apuros; tiene una esposa preciosa, Gina, (que le pone los cuernos con el hermano menor de la familia Hanson, Hank), un trabajo excelente (en el que lleva una doble contabilidad que la auditoría de la semana que viene va a reventar) y pocos vicios (exceptuando el de pincharse heroína en la casa de su camello de lujo particular). Su vida le da asco, aunque no lo admite. No disfruta ni siquiera de la droga. Se limita a sobrevivir, pero la amenaza de la auditoría fiscal podría estar a punto de acabar con él. Y, en mitad de este mogollón, se percata de la solución a todos sus problemas.

Hank Hanson (Ethan Hawke) es un pringado de infantería y, aunque no es realmente una mala persona, tiene un cierto fondo criminal; tiene una ex-mujer difícil, una hija adolescente que hace preguntas incómodas para un padre en bancarrota y un deber para con ellas que cobra la forma de mensualidades. Está realmente empantanado; lo único que le gusta de su vida es su aventura con la esposa de su hermano, Gina (Marisa Tomei), una belleza escultural, que parece corresponderle con sinceridad, aunque no es demasiado inteligente. Sin embargo, quiere a su hija, y está dispuesto a mantenerla y a pagar las facturas del colegio al que va. Por eso, cuando Andy le cuenta cuál es la solución a todos sus problemas, se cuestiona sólo dos o tres veces la moralidad de sus actos. Pero es menos atrevido que su hermano. Robar en una joyería, vale; sin embargo, robar en la joyería de la familia...

Pero todo se va al infierno cuando el compañero al que Hank contrata recibe un tiro por parte de la dueña de la joyería, que no debería haber estado el sábado en el que se realizaba el atraco. La dueña de la joyería recibe un disparo como represalia, a pesar de que Hank le había ordenado a su socio que no disparara. El hombre encaja un tercer balazo antes de caer a través del cristal de la puerta del establecimiento, ante los ojos desorbitados del propio Hank, que sale huyendo.

Horas más tarde, los hermanos Hanson se percatan de lo peor de todo; en lugar de la vieja empleada que se encarga de la tienda los sábados, quien estaba allí era Ninette Hanson (Rosemary Harris), su madre. Y, tras una larga agonía comatosa, su esposo decide que prefiere "dejarla marchar".

En su rabia furibunda ante la ineficacia de la policía, el cabeza de familia, Charles Hanson (Albert Finney), se decide a encontrar al compinche del asesino de su mujer, que escapó en coche tras verle morir. Va tirando del hilo hasta que descubre el origen de todo el problema... y, para entonces, Gina ha dejado a Andy, Hank tiene que enfrentarse a la viuda desconsolada de su compañero en el "trabajo" en la joyería (y a su hermano) y Andy tiene planeado resolver todos sus problemas (por segunda vez) robando a su camello. Sin embargo, las disensiones entre los hermanos Hanson (Andy, frío, rabioso, con ganas de terminar con todos sus problemas y huir de la auditoría; Hank, asustado, desconcertado, deseando quedarse con su parte del dinero para pagar a su ex-mujer y a la viuda y dejar el asunto zanjado) terminan dejando a Andy y al hermano de la viuda heridos de muerte. Andy terminará en el hospital, malherido... sin saber que su padre, que sigue experimentando intenciones homicidas y a estas alturas ya lo sabe todo, le ha seguido.


VEREDICTO: Cruel. Descarnada. Reflejo leal a la realidad de lo peor que puede sacar el ser humano cuando se convierte en un auténtico criminal y no le importa convertirse también en asesino, haciendo de la lealtad un valor altamente relativo. Un torbellino moralista y retributivo que intenta demostrar que los malos actos nunca salen gratis... especialmente, contra los seres queridos. Un problema clave: ciertas escenas podrían resultar algo lentas y monótonas. Un punto fuerte clave: la actuación, que es perfecta y no se hable más. Resumen: el prototipo de la película dura, sin tapujos, en los que los personajes sufren sólo por sus propios actos, como consecuencia de sus propios actos.

viernes, 30 de enero de 2009

Teléfono Rojo, ¿volamos hacia Moscú?

MICROFICHA:

DIRECTOR: Stanley Kubrick.
INTÉRPRETES: Peter Sellers, Sterling Hayden, Slim Pickens, Keenan Wynn, James Earl Jones, Peter Bull, Tracy Reed, George C. Scott.
MÚSICA: Banda sonora original de Laurie Johnson.
IDIOMA ORIGINAL: Inglés (americano).
GUIÓN: Peter George, Stanley Kubrick, Terry Southern.

FECHA DE PRESENTACIÓN: 29 de enero de 1964.
DURACIÓN: 94 minutos.

BASADA EN LA NOVELA "RED ALERT" DE PETER GEORGE.

Stanley Kubrick nunca fue acusado de ser un director mainstream, sino más bien todo lo contrario; sus películas no eran simplemente "comerciales", sino tremendamente elaboradas, preparadas para ser vistas por personas inteligentes y con sentido crítico. Cuando Kubrick filmó y presentó La Naranja Mecánica, nadie pudo quedarse frío ante semejante obra maestra (por uno u otro motivo, y con muy diversas opiniones, la verdad es que nadie se puede quedar callado ni siquiera hoy en día).

Sin embargo, si Stanley Kubrick tiene una obra de denuncia rabiosa, mordaz y completamente desternillante a un tiempo que dramática sobre la naturaleza beligerante de la Humanidad (y, sobre todo, de los dos bandos de la Guerra Fría), esa es Teléfono Rojo, ¿volamos hacia Moscú?

El título original no es ese, en realidad; titulada en el idioma original "Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb" (algo así como "Dr. Strangelove o: De Cómo Aprendí a Despreocuparme Y Amar A La Bomba"), la película, que muchos consideran el culmen de la crítica a la guerra nuclear y a la absurda doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada, se desarrolla en una situación hipotética durante la Guerra Fría. En mitad de este estado de tensión entre rusos y norteamericanos se ha empezado a desarrollar algo parecido a un acercamiento entre sus líderes políticos, el premier soviético Kisov y el presidente estadounidense Merklin Muffley (Peter Sellers).

"The fools... the mad fools..." En este mundo en tensión, el General de las Fuerzas Aéreas Jack D. Ripper (Sterling Hayden), comandante de la Base Aérea de Bulperson, da la orden a sus bombarderos de lanzar el Plan de Ataque R. Este plan, pensado como respuesta a un ataque soviético por sorpresa a los centros de poder y gobierno estadounidenses, establece que los bombarderos, armados (cada uno de ellos) con cincuenta megatones en bombas atómicas, atacarán a una serie de objetivos en el interior de Rusia desde sus puntos de espera, a dos horas de cada uno de esos objetivos. El ala de bombarderos 384, de acuerdo con el plan, codifica todas sus transmisiones, de manera que sólo Ripper puede retenerles. Sin embargo, al advertir a los soviéticos del terrible entuerto, Muffley es informado de la existencia de un Arma Definitiva soviética que destruirá toda forma de vida en la Tierra como respuesta automatizada a cualquier ataque nuclear sobre la URSS, y que no puede ser desactivada. Una forma de disuasión perfecta, de no ser, claro está, que el enemigo no sea consciente de ella. Y Ripper no es consciente de ella.

Este es el principio fundamental de una película en la que prácticamente sólo encontramos tres escenarios. Puede decirse que la trama gira en torno a la Sala de Guerra del Pentágono (en la que los miembros del Estado Mayor norteamericano y los miembros más importantes del gobierno estadounidense van perdiendo los nervios progresivamente), el bombardero B52 pilotado por el Mayor T.J. "King" Kong (Slim Pickens) y el despacho del General Ripper. Es un filme que critica la paranoia, la hipocresía, la escasa moralidad de un enfrentamiento teórico entre superpotencias, la insensatez de los militares y la torpeza de los políticos, pero sobre todo, que revela lo absurdo del uso militar de la energía nuclear. Porque, cuando se trata de una guerra en la que los dos bandos se van a exterminar mutuamente gracias a la combinación de ataque y represalia nuclear, ¿qué sentido tiene la guerra?


"... but no more than twenty million people killed! Tops! And depending on the breaks!" Para ser una película rodada en 1964, Kubrick ya se demuestra aficionado a los efectos especiales (dentro de las limitaciones de la época), y no se corta un pelo a la hora de hacer bromas indudablemente hirientes y malintencionadas a costa de los políticos, los militares y los más que cuestionables principios de ambas partes. No se trata sólo de la desaparición completa de la moralidad del General Turgidson (George C. Scott) cuando se sabe que ha empezado un ataque nuclear por orden de un único oficial de alta graduación que se ha vuelto loco, ya que recomienda lanzar un ataque total para masacrar completamente a los soviéticos sin que puedan responder, sino de la seriedad con la que los miembros del gobierno estadounidense sopesan las propuestas del Dr. Strangelove (también interpretado por Sellers), un superviviente del régimen Nazi y prototipo del "científico loco" como consejero de investigación y desarrollo de nuevas armas; como cabe esperar de este personaje desde el primer momento, nada de lo que dice o propone está dentro de los límites de la cordura, pero le toman en serio.

Hay ciertas marcas características de esta película, ciertas escenas y atisbos de imágenes que llaman más la atención que cualquier otra cosa en la misma. Por ejemplo, cuando se enfoca a Turgidson durante los primeros minutos de la reunión en la Sala de Guerra, aparece en el encuadre el lomo de un archivo titulado "World Targets In Megadeaths" (Objetivos Mundiales En Millones De Muertes), lo que da una idea del nivel al que trabajan ya los norteamericanos. Por otro lado, el propio Turgidson, que hace su debut en la película en una escena levemente tórrida (y definitivamente íntima) con su secretaria, pasa de dejarla esperando en la cama a acusar al premier soviético de ser un "ateo degenerado" por ir a encontrarse con una querida, y, finalmente, a mirar con interés la posible poligamia que habría que afrontar de cumplirse la amenaza soviética del Arma Definitiva para recuperar la población mundial desde refugios subterráneos. La hipocresía de los personajes es patente a muchos niveles, en varios asuntos y por varios motivos, .

"A fella could have a good weekend in Vegas with all that stuff..." Dr. Strangelove está plagada, también, de estúpidos manierismos y pequeños gags. El Mayor Kong, por ejemplo, se quita su casco y se pone un sombrero de vaquero cuando reciben sus órdenes; mientras que Turgidson no puede parar de comer sus chicles (hasta que se le acaban), Mandrake se dedica a juguetear con el envoltorio hasta dejarlo completamente liso; Ripper guarda una ametralladora pesada en su bolsa de palos de golf (con la correspondiente ristra de balas); el nombre completo del general, de hecho, es "Jack D. Ripper" (Jack "The" Ripper, o Jack el destripador, fue uno de los más peligrosos y infames asesinos en serie de toda la historia de Inglaterra); así, sucesivamente, los golpes de humor que Kubrick siembra a lo largo y ancho de la película van refrescando el ambiente cada vez más asfixiante de la funesta certeza que es la guerra nuclear, empleando para ello los desternillantes detalles de cada personaje.

Por supuesto, el guión es una pequeña joya, aunque, para ser sinceros, ni yo mismo aguanto ciertos diálogos técnicos de la película a bordo del B-52 del Mayor Kong, pero supongo que el guión debía demostrar una cierta verosimilitud y profesionalidad en la conducta de los pilotos. Especialmente impagables son ciertas escenas de la Sala de Guerra; recomiendo, por otro lado, que consigáis la versión original de la película; la versión doblada al español no está mal, pero la traducción es infame.

La banda sonora, por otro lado, es un vacío: sólo aparecen melodías al principio y al final de la película (sobre todo, las escenas del final del filme son profundas, a su manera; si podéis, haceros con la letra de la canción que suena con ellas, We'll Meet Again, de Vera Lynn, antes de escucharla). Ahora bien, si lo que buscáis es música, siempre que aparezca el B-52 de Kong (un avión llamado Colonia del Leproso, por cierto) sonará bien alta una melodía militar conocida por todos. Posiblemente otro gag, referencia a la estrechez de miras de quienes lo pilotan, que sólo saben que tienen que cumplir su misión, no importa lo que ocurra.

"Two can play that game, soldier! (...) Nice shooting, soldier!" Sin embargo, lo más curioso de "Teléfono rojo..." es que, sin ser realmente "sexual" está llena de símbolos fálicos y referencias escasamente veladas al sexo. Ripper se percató del plan ruso para conquistar el mundo durante el "acto físico del amor". Tanto Turgidson como el premier Kisov tienen affaires extraoficiales que atienden durante la película. Si bien según ciertos críticos de cine las dificultades técnicas del B-52 para lanzar la Bomba se pueden equiparar a las dificultades de Ripper durante el acto sexual, no termino de sentirme convencido al respecto, pero es indudable la analogía . Y, así, sucesivamente; los nombres de Stragelove, Merklin Mufflin, Mandrake y Kisov son de naturaleza al menos levemente sexual o relacionada con el sexo, al principio de la película aparece una escena de respostaje en el aire entre dos aviones norteamericanos que recuerda poderosamente a la cópula... etc.

Kubrick dirigió Teléfono Rojo, ¿volamos hacia Moscú? teniendo en mente una serie de objetivos. Tenía que ser más o menos fiel a Red Alert, la novela de la que extrajo sus ideas, y al mismo tiempo decidió que quería convertirla en una sátira que apuntara directamente a norteamericanos y rusos. Sin embargo, un hecho poco conocido es que sus actores trabajaron en unas circunstancias algo "especiales"; George C. Scott, por ejemplo, fue engañado (no hay otra palabra más exacta) por el director para que sobreactuara ciertas escenas, haciendo que Turgidson quedara reflejado como una personalidad altamente inestable. Sellers, que demuestra su extraordinaria maestría en la caracterización de tres personajes diferentes en esta película (el Dr. Stragelove, el presidente Mufflin y el capitán Mandrake) iba a realizar, en realidad, cuatro papeles (además de los tres que realizó, el del Mayor Kong), pero debido a un accidente que le sacó del rodaje en el peor momento, Pickens fue escogido en su lugar. Y suma y sigue.

Por supuesto, todo ello, sazonado con el genio indiscutible del gran Stanley Kubrick, da como resultado una comedia ácida, divertidísima y sugerente, que no puede dejar indiferencia sin necesidad de grandes despilfarros o de recursos facilones. Es, en definitiva, uno de los clásicos, una de las grandes obras maestras que no puedes dejar de ver.

"Gentlemen, you cannot fight in here! This is the War Room!" En todo caso, y a pesar de los posibles claroscuros en los que la película pudiera verse inmiscuida, es indiscutible que es una de las grandes obras del cine de crítica y de la comedia de todos los tiempos.

VEREDICTO: Divertida, mordaz, sutil y directa, todo a la vez... es una lástima que la historia que relata sea posible, porque, de lo contrario, podríamos reirnos sin necesidad de pensárnoslo mucho. Un problema clave: ciertas escenas son un poco exasperantes por la lentitud del guión, aunque podría ser la voluntad del propio director; dicho sea de paso que la traducción al español es insoportablemente mala. Un punto fuerte clave: Humor, militares y políticos durante una crisis de la guerra fría... sí, ¿por qué no? Resumen: Desde la impotencia hasta las utilidades del Cobalto-Torio G, esta película se puede disfrutar, estudiar y repasar un centenar de veces... y te seguirá haciendo gracia. Una obra maestra de ayer, hoy y siempre.